SENEGAL, PAISAJE HUMANO (5)
DÍA 30 DE MARZO.
LLEGAMOS AL DÍA DECIMOSEXTO DE NUESTRO CONFINAMIENTO.
¡QUE NO FLAQUEEN NUESTRAS FUERZAS!

LLEGAMOS AL DÍA DECIMOSEXTO DE NUESTRO CONFINAMIENTO.
¡QUE NO FLAQUEEN NUESTRAS FUERZAS!
SENEGAL, PAISAJE HUMANO (5)
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| SURCANDO EL RÍO SENEGAL |
V.- VIAJE EN PIRAGUA POR EL RÍO SENEGAL. TERRITORIO WALOF
Hoy comienza la aventura que más me
inquieta. Nos dirigimos a Podor para coger una piragua y hacer un viaje de dos
días surcando el río Senegal, frontera natural, en esta zona, con Mauritania. Pasaremos
dos noches en tiendas de campaña, en acampada libre.
Después de parar en un pueblo para ver el
mercado de ganado y comprar algo de fruta en su vibrante y colorido mercadillo,
seguimos ruta hasta encontrarnos con la piragua “La reine du fleuve”, atracada en las orillas del rio Senegal a su
paso por Podor.Grupos de personas ataviadas con vistosos colores suben o bajan
de cayucos. Son mauritanos que atraviesan el río para comprar en los mercadillos
senegaleses y luego ponen rumbo hacia su país tirando de remos.
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| MAURITANOS DE COMPRAS EN SENEGAL |
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| PIRAGUA "LA REINE DE FLEUVE" |
Nuestra piragua es coqueta, bellamente
decorada con una cenefa multicolor y con techumbre de juncos para protegernos
del sol. Con nosotros viaja una cocinera que tiene su pequeño territorio en la
parte trasera de la barca. También está el piloto que se dispone a poner en
marcha un ruidoso y rudimentario motor. Un chico, al que el guía llama, de
broma, Paco, es el encargado de cargar nuestras pertenencias. Luego le vemos
alejarse en Jeep donde lleva los
colchones, las tiendas, las mesas y las sillas.
Surcar el
río es una experiencia muy relajante; contemplar sus orillas plagadas de aves:
cernícalos, garzas, cormoranes, martines pescadores…Ver los paisajes acuáticos
llenos de vegetación, los campos de cultivos donde están trabajando, hombres,
mujeres y niños. Es época se siembra.
Los vemos hacer hoyos con enormes palos y depositar los granos de mijo. Todos,
sin excepción, levantan sus cabezas cuando oyen el ruido del motor, para
decirnos adiós con la mano. El calor es asfixiante, pero Ibran nos da la
sorpresa abriendo una nevera cargada de hielo y de botellas de cervezas y agua.
Se lleva el aplauso del día.
Y después de la cerveza bien fresquita, la
cocinera nos obsequia con una comida sencilla y exquisita: pollo con salsa de cebolla
(llamada salsa yassa) y arroz cocido. De postre, sandía. Todo un manjar para
compartir en aquel pequeño espacio.
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| NUESTRA COCINERA |
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| PANORAMICA DESDE LA PIRAGUA |
Después de 4 horas de navegación y cuando
ya estaba anocheciendo, llegamos al punto donde Paco acaba de instalar el
campamento: Cuatro tiendas blancas bien grandes cerrando un círculo, otra
tienda pequeña para el guía y otra más para la cocinera. El piloto duerme en la
piragua y Paco en otra tienda en lo alto de su jeep. En el centro del círculo
están las mesas perfectamente vestidas con manteles blancos y velas encendidas.
En el suelo, a fin de evitar la tierra, ha puesto alfombras, lo mismo que en el
interior de las tiendas. La cena es perfecta, allí, a la luz de las estrellas.
Las velas terminan apagadas porque atraen a infinidad de mosquitos. Acaba la tertulia y nos vamos al
silencio de la noche a intentar dormir; desde el interior de la tienda se oye
un guirigay de insectos, chicharras, grillos, pájaros… Pienso si me dará miedo
si tengo que salir en plena noche por alguna necesidad fisiológica. Dando
vueltas a este pensamiento me quedo dormida.
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| CENA EN LA ACAMPADA |
Con el amanecer comenzamos a desperezarnos y
a comentar los ruidos de la noche y la aventura de salir de la tienda con la
linterna frontal a buscar un árbol donde hacer nuestras necesidades. Todo son
risas y alboroto. Nos hacemos un pequeño aseo con una toalla y una botella de
agua. No nos atrevemos a meternos en el río para ese menester. Las aguas bajan
turbias y hay mucho cieno en la orilla.
Paco nos prepara un suculento desayuno:
fruta, pan con mantequilla y mermelada de boabab y café con leche…Ya estamos
preparadas para afrontar un nuevo día.
Vemos al guía hablando con un pastor que
pasa por allí pastoreando sus cabras. Como hablan en wolof no nos enteramos de
nada de lo que se dicen. A media mañana salimos a hacer una caminata hasta
llegar al pueblo que hoy visitamos. Recorremos los campos sembrados de mijo y
cacahuete, termiteros gigantes, árboles de mango, acacias espinosas…un sinfín
de vegetación, no en vano estamos en la franja verde que bordea el río.
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| POBLADO AGRICOLA WALOF |
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| TERMITERO |
A
nuestra derecha nos encontramos con un cementerio y lo bordeamos para no
invadir su territorio sagrado. Ahora las veredas empiezan a ser más secas, y a
lo lejos intuimos unas construcciones apenas perceptibles pues se confunden con
el color ocre de la tierra. Estamos llegando al pueblo agrícola y ganadero de
los wolofs, con sus casas de adobe, tristes en sus fachadas, del color de los
termiteros. Nos cruzamos con mujeres cargadas con cubos en la cabeza, unas van
a por agua, otras a sembrar mijo. Nos saludan:
-Salam malecum!
- Malecum Salam,-
les contestamos.
Por una
entrada lateral vemos la primera casa y nos paramos. Mujeres sentadas en la
puerta nos dan la bienvenida.Llevan vestidos de colores llamativos, estampados
en azules, rojos, verdes, blancos...con sus correspondientes tocados haciendo
juego, algunas van descalzas y otras calzan chanclas. Tienen un aspecto limpio
y elegante. El guía las interroga y
ellas contestan casi al unísono con monosílabos: waw (sí) dedet (no).
Seguimos
andando en dirección a una pequeña placita, siempre los suelos de tierra, que tiene, a falta de árbol, un entoldado de madera y juncos que da una buena
sombra.
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| MUJERES CON VISTOSOS VESTIDOS |

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| NIÑAS JUGANDO A TABAS |
Debajo del entoldado dos niñas juegan a los marros ante la atenta
mirada de los demás niños ¡Qué curioso! A los marros también jugaba yo de
pequeña. Una vecina extiende una laboriosa manta ante la puerta de su casa y
nos invita a sentarnos, luego nos ofrece un té que Ibran prepara con suma maestría siguiendo las costumbres de
aquellas tierras.
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| ESPERANDO PARA TOMAR EL TÉ. |
Se corre la voz de que estamos allí y aparecen más mujeres y
niños. Ellas nos dan la bienvenida con cantos alegres, se ponen fotogénicas ante
nuestras cámaras posando como si fueran modelos.
El guía reparte jabón entre
todas ellas que agradecidas improvisan un canto con sus cubos a la cabeza:
Merci, Merci, Merci beaucoup… dice su estribillo. Se despiden porque van al
campo a sembrar, no sin antes inmortalizarnos con un móvil que lleva la más
joven.
Llega el momento de los niños con el reparto de chuches; sus caras de
alegría lo dicen todo. Ahora acaba de acercarse otra mujer vestida de azul
llevando en su regazo un precioso niño
de ocho meses, vestido enteramente de azul claro, hasta la gorra. Quizás un
poco abrigado para las temperaturas que hacen. El niño no nos extraña y va
pasando de los brazos de unas a otras. Nos cuenta su madre que se llama Amadú.
Como nos ve tan entusiasmadas con él nos dice, entre risas, que nos lo da, si
nos lo queremos llevar.
Cuando salimos del pueblo los niños nos
acompañan para decirnos adiós.
Yo no dejo de pensar en Amadú. Cuando lo tenía
en mis brazos se me pasó por la cabeza la imagen de una valla con concertinas,
la de cayucos llegando a la costa de Cádiz, la de los tops manta en las calles
de cualquier ciudad europea…Un escalofrío recorre todo mi cuerpo, Amadú.
CANTO DE AGRADECIMIENTO





















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