CARTA A FEDERICO
Mi querido Federico: Desde que toqué la tierra reseca y curtida del Barranco de Viznar; desde que me llevé, adosadas a mis zapatillas, las hojas secas caídas del olivo de Alfacar, de ese que se muestra erguido cerca de la Fuente Grande; desde que te sentí a mi lado paseando las calles de Granada; desde que Bernarda Alba se hizo presente en su casa de Valderrubio y me murmuró sus secretos en el brocal del pozo adornado de geranios; desde que en la Huerta de San Vicente respiré el mismo aire cómplice que te dio cobijo en las horas inciertas. Desde ese mismo momento, deseé abrazarme a tu recuerdo para sentirte vivo de nuevo entre nosotros. Yo no quiero pensarte dibujando poemas de muerte premonitoria en esa angustia desacompasada del cri- cri de las margaritas. No me resigno a escuchar tu voz temblorosa en aquella madrugada del 18 de agosto cuando i...