LA PRIMERA NAVIDAD DE ULISSES Subía por Arco de Cuchilleros en dirección a la Plaza Mayor; las manos en los bolsillos, la legaña aún puesta y ese caminar desgarbado y cansino que da la necesidad; andaba encorvado, no se sabe si por el peso de la mochila o por aquel frío que se le metía entre los huesos. Los inviernos de Madrid en nada se parecían a los benevolentes inviernos de su país natal. Ulisses Menjíbar, natural de Cabo Verde, se mal ganaba la vida haciendo caricaturas a los turistas despistados que se dejaban convencer; trapicheaba vendiendo tabaco y, cuando había suerte, descargaba algún camión de pescado en Mercamadrid. Con todo eso apenas si podía pagar el alquiler de una habitación, compartida con dos manteros senegaleses, en el barrio de Lavapiés. Sabía que sus condiciones de vida no eran fáciles y que quizás nunca mejorarían, pero prefería mil veces esta precariedad que las dentelladas que el hambre le daba en su país de origen. Por eso, una noche en que la lun...
Poema leído el 8 de octubre en Alfacar (Granada), debajo del olivo donde podrían encontrarse los restos del poeta Federico García Lorca. ENLAZADA EN LA LUZ DE TUS POEMAS... Ardiente en la memoria de siglos, permanece tu verso infinito. Cenizas que el recuerdo rescata más allá de la muerte y la vida. Incólume, resistiendo el abrazo letal de la luna en la baranda, de la madeja de luz de tus pupilas, cuando tornaron las golondrinas a tu balcón, mientras en los campos de Soria hacían caminos de sangre gitanos del Guadalquivir. Cuando un pichón del Turia albergaba sonrisas en los negros de Harlem, mientras que de tu canción desesperada nacían veinte poemas de amor y Alfonsina tiritaba de Soledades en la plaza de Orihuela. Cuando cantó la calandria en un patio sevillano, mientras Madrid sepultaba un millón de almas muertas- Cuando la camisa blanca de la esperanza enjugaba la sangre de Ignacio derramada sobre la arena, mien...
VOCES DE UCRANIA LESIA Me llamo Lesia, tengo veinticinco años y vivo en la ciudad ucraniana de Kiev. Hoy, 23 de febrero de 2022, espero anhelante el momento en que mi bebé decida asomar su cabecita y se desperece y rompa con su llanto la quietud de este día de invierno. Fuera el frío se cobija bajo un tupido manto de nieve. Las calles están desiertas y yo, sentada en el sillón de la abuela, acurruco mis sueños mientras acaricio la redondez puntiaguda de mi barriga. Pienso en Dimitri, mi marido, que está lejos, en España, buscándose la vida y que no podrá estar a mi lado para ver a su hijo nacer. Mis hermanos, Yure y Demyan, entretienen el tiempo mirando sus teléfonos móviles con gestos de preocupación. Mamá apostada junto a la ventana teje, entre suspiros, un gorrito blanco mientras papá sacude su tos y carraspea al compás que rellena su pipa y la enciende. Después, con mano temblorosa, conecta el televisor. El presentador del informativo de las nueve l...
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