LA PRIMERA NAVIDAD DE ULISSES Subía por Arco de Cuchilleros en dirección a la Plaza Mayor; las manos en los bolsillos, la legaña aún puesta y ese caminar desgarbado y cansino que da la necesidad; andaba encorvado, no se sabe si por el peso de la mochila o por aquel frío que se le metía entre los huesos. Los inviernos de Madrid en nada se parecían a los benevolentes inviernos de su país natal. Ulisses Menjíbar, natural de Cabo Verde, se mal ganaba la vida haciendo caricaturas a los turistas despistados que se dejaban convencer; trapicheaba vendiendo tabaco y, cuando había suerte, descargaba algún camión de pescado en Mercamadrid. Con todo eso apenas si podía pagar el alquiler de una habitación, compartida con dos manteros senegaleses, en el barrio de Lavapiés. Sabía que sus condiciones de vida no eran fáciles y que quizás nunca mejorarían, pero prefería mil veces esta precariedad que las dentelladas que el hambre le daba en su país de origen. Por eso, una noche en que la lun...
Poema leído el 8 de octubre en Alfacar (Granada), debajo del olivo donde podrían encontrarse los restos del poeta Federico García Lorca. ENLAZADA EN LA LUZ DE TUS POEMAS... Ardiente en la memoria de siglos, permanece tu verso infinito. Cenizas que el recuerdo rescata más allá de la muerte y la vida. Incólume, resistiendo el abrazo letal de la luna en la baranda, de la madeja de luz de tus pupilas, cuando tornaron las golondrinas a tu balcón, mientras en los campos de Soria hacían caminos de sangre gitanos del Guadalquivir. Cuando un pichón del Turia albergaba sonrisas en los negros de Harlem, mientras que de tu canción desesperada nacían veinte poemas de amor y Alfonsina tiritaba de Soledades en la plaza de Orihuela. Cuando cantó la calandria en un patio sevillano, mientras Madrid sepultaba un millón de almas muertas- Cuando la camisa blanca de la esperanza enjugaba la sangre de Ignacio derramada sobre la arena, mien...
JEZABEL En aquellos tiempos en que las tinieblas se habían instalado en la vida de una humanidad amenazada por el odio, la ambición, las desigualdades, la enfermedad y la muerte, Aine, diosa celta del amor, de la tierra y la naturaleza, hizo traer a su presencia a la maga Jezabel. Cuando la tuvo delante le encomendó una importante misión: extender por la tierra un sortilegio que llevara la esperanza a los corazones en los días aciagos, una magia que fuera un bálsamo de luz en mitad de la oscuridad. Jezabel no obedeció a la primera. Se negaba a ser la maga buena de aquella historia. Ella se consideraba la reina de la magia negra, de la perversidad. Nunca podría dar aquello que no poseía. Pero Aine no se confundía en su elección y así se lo hizo saber: “Tu maldad y tus hechizos maléficos te hacen temible. Siembras el miedo por donde quiera que pasas; ante ti se doblegan los poderosos, te venden su alma solo con que les prometas vivir el encantamiento de una vida dichosa y ete...
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